Imagina un niño fascinado mirando cómo burbujea el mosto en fermentación, preguntándose: «¿Cómo hierve esto sin fuego debajo?«. Esa curiosidad inocente fue el comienzo de Sebastián Albornoz en el mundo del vino. Hoy, como dueño y enólogo de Bodega Mariana —nombrada en honor a su madre—, Sebastián honra la herencia de su abuelo, quien le enseñó a «escuchar, observar y aprender» del vino con respeto profundo.
Todo empezó con nostalgia pura. Una teleserie de su infancia, Sabor a ti, mostró a un enólogo que lo dejó impactado. «Mamá, yo seré enólogo«, le dijo con ojos brillantes. Años después, una pasantía en bodegas pequeñas de Rioja, España, le abrió los ojos: el enólogo no impone, sino que guía para que el terroir hable solo. Nada de levaduras añadidas, correcciones de acidez o edulcorantes. Para Sebastián, un vino auténtico es la uva y la tierra gritando su verdad.

De vuelta en Limavida, entre los valles de Curicó y Maule, tomó las riendas del viñedo familiar. Continuó con la apuesta que comenzó su abuelo con convicción en los años 90, cuando injertó Cabernet Sauvignon, Carmenere y Merlot en parras antiguas de País, aprovechando su resistencia en secano. Ahí Sebastián entendió el secreto: conocer tu terroir como a un viejo amigo. Escuchando el suelo, observando las vides, logró el equilibrio perfecto entre fruta y botella. Así nació su filosofía y propio entendimiento del vino de autor: él mismo produce la uva y el vino final, controlando cada paso con cariño.
Y sueña en grande: «Limavida merece ser D.O.C.«, dice, por su clima único de secano, geográficamente entre los valles vitivinícolas de Curicó y el Maule, así como también raíces y datos históricos de la zona. (¡Pronto profundizaremos en esa historia en L’Umami!).
Sus vinos icónicos, puro sentimiento:
- Lágrimas del Huaso: el debut de Bodega Mariana, un homenaje emotivo a la vida campesina que te abraza el alma.
- Pet-Nat de Torontel: un viaje a la niñez, aromas de hierbas, flores blancas y pasto fresco que emocionan a quien lo prueba, como un recuerdo juguetón. Y atención: viene un nuevo Pet-Nat en camino, ¡que promete superar al actual y dejarnos boquiabiertos!

Para Sebastián, el turismo enológico es magia pura. No se trata de un trago rápido, sino de conectar con historias, personas y trayectorias. «Una línea de vinos es como un disco«, explica. Cada botella es arte vivo, que hay que degustar en orden para captar su esencia. ¿Te imaginas caminando por sus viñedos, probando estas joyas y sintiendo el pulso de Limavida?
Bodega Mariana no es solo vino: es familia, tierra y emoción destilada. ¿Listo para unirte a esta historia? Ven, descubre sus etiquetas y déjate llevar por el lumami del vino chileno auténtico. Ir al Instagram de Bodega Mariana


